Se suicida tras cometer un crimen en Ferrol

Ponte das Cabras, lugar en el que se suicidó el autor del crimen

En los primeros años cincuenta del pasado siglo se comenzaban a amortiguar los efectos de la cruel Posguerra, aunque gran parte de la población se las seguía viendo y deseando para poder hacer frente al día a día. La férrea dictadura, hundida por el aislamiento internacional, daba pie a pocas cosas e iniciativas. Los gallegos, principalmente los de interior, seguían emigrando. Sin embargo, comenzaba a cambiar su destino. Ahora, el Caribe era tan solo un viejo recuerdo del pasado, en tanto que en Buenos Aires soplaban vientos de crisis, acentuados por la sucesión de golpes de Estado que se registrarían en el país austral durante varios decenios.

Para bien o para mal la vida proseguía su constante deambular. En medio de ese clima de incertidumbre y sin que se vislumbrase una salida a la difícil situación de la época, sucedían también hechos sangrientos, pese a la crudeza y rudeza de una dictadura que promovía la contumaz leyenda de que “aquí no se mueve nadie”. Sin embargo, si se movía, al menos en el ámbito delictivo, registrándose de cuando en vez algún que otro episodio sangriento que remataba con aquel tan manido tópico de la época.

La ciudad de Ferrol, que por aquel entonces llevaba el apellido de “El Caudillo”, sería escenario de un trágico episodio en la jornada del 23 de noviembre de 1952 cuando apareció en un terraplén con evidentes signos de violencia el cuerpo de Miguel Pereiro Morado, un hombre de mediana edad, que se dedicaba a la venta de la lotería por las calles. Presentaba varias heridas en su cuerpo, una de ellas en la cabeza, que había sido provocada por algún objeto contundente. Dadas las relaciones que mantenía la víctima con individuos de los bajos fondos, a los pocos días se procedió a la detención de Antolín García García, quien después de un duro interrogatorio confesaría el crimen, pese a que no había evidencias que certificasen su autoría.

Suicidio en A Ponte das Cabras

Cuando llevaba varias semanas en prisión Antolín García, el 12 de diciembre se suicidaba, arrojándose desde A Ponte das Cabras, Manuel Sordo Abeal, un hombre de mediana edad, que conocía el verdadero enigma que todavía escondía el asesinato del vendedor de lotería, quien además guardaba una relación de parentesco con su verdugo. A los investigadores les extrañó de sobremanera este último suceso, siendo entonces cuando dirigieron sus miradas hacia el suicida.

Realizadas las pertinentes pesquisas, sometieron a otro duro interrogatorio a la esposa de Manuel Sordo, quien terminaría por confesar que su marido le había dicho que en el día de autos había mantenido una dura refriega con Miguel Pereiro. Al parecer, según la confesión de esta última, el criminal llegó a casa con las ropas visiblemente ensangrentadas, lo que le provocaría un cierto espanto. Su cónyuge le comentó que en el transcurso de la discusión le habría dado con una piedra en la cabeza a la víctima, además de arrojarlo por un terraplén. Sin embargo, ella guardaría silencio hasta el último momento.

Tras la confesión de la mujer de Manuel Sordo, se pondría en libertad a Antolín García García, quien estuvo a punto de convertirse en reo de un sórdido suceso en un tiempo en el que estaba vigente la pena capital y que se aplicaba con suma facilidad, principalmente si se trataba, como es el caso, de delitos de sangre.

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